HOMILIA – AMM- ENCUENTRO - ROMA – LUNES, OCTUBRE 22 DEL 2001
MASS # 39 ( MARIA, VIRGEN REINA Y MADRE DE MISERICORDIA)
LECTURA: Colosenses 3:12-17; Lucas 8:19-21

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Ahora mientras nosotros comenzamos esta Asamblea Internacional de la Medalla Milagrosa, el Evangelio responde la pregunta: Quienes son estos, quienes están realmente cerca de Jesús? Quienes son estos, quienes son los miembros de su familia? Jesús nos dice muy claramente en su Evangelio. “Mi madre y mis hermanos son aquellos, quienes escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica.”

Para Jesús el completo propósito de la vida es escuchar a su Padre y hacer su voluntad. “Mi alimento es hacer la voluntad de quien me envió” dice en el Evangelio de Juán (4:34). Mateo, Marcos y Lucas, todos exaltan la importancia de la oración de ansiedad humana que manifestó en el huerto: “Padre, si es posible aparta de mi este cáliz, pero no hagas mi voluntad sino la tuya.” Los Evangelios nos hablan una y otra vez del acercamiento de Jesús a su Padre. Jesús, viene del Padre y va al Padre. El está siempre escuchando la palabra del Padre. Todo esto fue tan impresionante para las antiguas comunidades cristianas que el autor de Hebreos describe toda la vida de Jesús en estas dramáticas palabras “Cuando El vino al mundo dijo, “Contemplar y llegar a hacer tu voluntad, O Dios “ (10:5-7).

Santa Catalina Laboure, aprendió esta lección muy bien. La misión que ella recibió como una muy joven mujer, fue escuchar el mensaje de la Virgen María confiando en ella y cumpliendo. Ella encontró muchos obstáculos: escepticismo, tiempos inflexibles por parte de sus superiores, muchos mal entendidos, pero escucho el mensaje que la Virgen María le dio. Ella se volvió dentro de su corazón. Explicó esto a su Director con sencillez, y fue absolutamente perseverante hasta acuñar la medalla, la misma que la gente la llamó más tarde “Milagrosa”.

Ella fue una de la familia de Dios, ella escuchó el mensaje de Dios a través de María y lo puso en práctica.

Por lo tanto, mis hermanos y hermanas, como nosotros comenzamos esta Asamblea, permítanme sugerir dos pensamientos acerca de este Evangelio:

1.- Jesús está diciéndonos ahora que escuchar es lo fundamental de toda espiritualidad. Este es el principal regalo que nosotros podemos ofrecer a Dios y también a nuestros hermanos y hermanas que nos rodean. Amar a Dios, comenzar por escuchar su palabra. Amar a otros comenzando con escucharlos. Esa es precisamente la dignidad de María, ella supo como escuchar la palabra de Dios, tanto que conocía su voluntad y la realizó.
En la Anunciación, María escuchó al ángel y dijo “Hágase en mi según tu palabra”.
María hizo de esto el motivo de toda su vida. Ella escuchó la palabra de Dios como oyó y leyó en el Antiguo Testamento. Escuchó la palabra de Dios como oyó predicar a su propio Hijo. Ella escuchó la palabra de Dios en eventos como el nacimiento de su Hijo, su pasión y muerte, su resurrección. Ella escuchó la palabra de Dios en su alrededor en las antiguas comunidades cristianas.

Entonces, una pregunta para todos nosotros es: Realmente estamos escuchando bien? En el último interrogatorio después del curso de nuestras vidas, que indicará que estuvimos atentos? Escuchamos la necesidad de esos con quienes vivimos en comunidad? Escuchamos las voces del pasado, llamándonos a ser fieles a nuestras raíces? Escuchamos las voces del presente, llamándonos a usar nuevas respuestas para confrontar nuevos problemas? Escuchamos las voces del futuro, llamándonos a preparar el camino para Dios que vendrá? Escuchamos especialmente a los pobres quienes claman por nosotros para ayudarlos en sus necesidades? Estamos atentos a las actitudes de María para escuchar la palabra de Dios? Escuchamos el camino de María escuchándonos?.

2.- Segundo, habiendo escuchado bien, debemos actuar. María dice: “Hágase en mi según tu palabra.” Y así ahora nosotros debemos preguntarnos también: Somos nosotros hacedores del mundo? San Vicente en otro tiempo dijo: “Cuan fácil es ser Santo, todo lo que se necesita es hacer la voluntad de Dios en cada cosa.” La auténtica santidad consiste en trabajar cuando Dios nos manda a trabajar. Consiste en descansar cuando El nos llama a descansar. Consiste en orar cuando El nos llama a orar. Consiste en celebrar cuando El nos llama a celebrar. Consiste en estar con nuestros hermanos y hermanas cuando El nos llama a unirnos con ellos en comunidad. Consiste en estar solos cuando El nos llama a apartarnos.

Ahora, mis hermanos y hermanas, comenzamos esta Asamblea, yo rezo con ustedes para que Dios nos ayude a todos para ser buenos escuchadores; Que nosotros escuchemos su palabra, que nos escuchemos los unos a los otros, que podamos discernir qué nos está pidiendo en cuanto a la vida de devoción a la Asociación, en cuanto a la formación de sus miembros y en cuanto al llamado de los pobres; y entonces, que Dios nos ayude a actuar en lo que El dice. Jesús nos pide escuchar bien y hacer la voluntad del Padre ahora con corazones valientes. Si nosotros hacemos, somos miembros de su familia: “Mi madre y mis hermanos son quienes escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica.”

Robert P. Maloney, C.M.

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