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IntroducciónDios mira y ama a cada persona como si fuese la única persona en la Tierra. Su llamada es una invitación constante a vivir
Y así vivir en la más completa felicidad. Eso es lo que aprendí y sentí cuando oí la palabra de Dios en mi corazón. Dios nos habla No fui bautizado de manera tradicional en la Iglesia. Mi bautismo fue la expresión de un deseo que iba creciendo y desarrollándose en mí hasta que un día, hablando con un sacerdote que yo no conocía, éste me dijo: “Nuno, Dios te necesita” Estas palabras quedaron gravadas en mi corazón, aunque en ese momento no logré comprenderlas del todo. Pasado el tiempo, una luz se encendió en mi interior con tal fuerza que retuvo toda mi atención; una luz tan intensa que era imposible de ignorar. “Dios me llama para que sea Cristiano” Asé fue como interpreté esas palabras. Hasta entonces, creía que Dios era un Ser Supremo y nada más. Había oído hablar de la historia de Jesús y conocía las diferentes apariciones de Nuestra Señora. También he de decir que soy una persona curiosa por naturaleza y así empecé a reflexionar sobre ciertas cuestiones y a hacer miles de preguntas. Además, en esos primeros momentos, fue mi abuela quien me enseñó a rezar el Padre Nuestro y el Ave María. Estos fueron mis primeros pasos lentos y superficiales en mi camino hacia la fe. Pero... esa llamada de Dios... a través de la Iglesia me hizo dar el “sí” definitivo. Fue una decisión consciente y largamente meditada. Hoy doy gracias a Dios por haberme guiado de una manera tan especial. Todo era nuevo para mí y a partir de ahí mi vida experimentó un cambio radical. Muy pronto empecé a aprender nuevas cosas y comprendí con el tiempo que no se trataba únicamente de “saber” cosas, sino sobre todo de vivir la experiencia de Dios. Siempre quise ir más allá y es por ello que ahora estudio teología. Sin embargo, no considero la teología como una forma de aumentar mi fe sino más bien como una fuente donde saciar mi sed de sabiduría. Un movimiento de jóvenes de acción cristianaSiempre he vivido rodeado de jóvenes y siempre me ha encantado estar entre ellos porque deseo que encuentren a Dios en sus vidas como yo lo he encontrado en la mía. Trato de buscar la manera de llevar a Dios a los demás. Por ello, con la aprobación del sacerdote de mi parroquia, organicé un movimiento de jóvenes. Al principio, debo decir que el grupo no tuvo una buena acogida y la gente no entendió muy bien su sentido. No obstante, hoy puedo decir que el movimiento cuenta ya con veinte miembros activos. Nos reunimos para reflexionar, para encontrar un momento de recogimiento y retiro. Hablamos de teología, de filosofía, de los problemas que afectan a la sociedad actual; también hacemos deporte, cantamos y tocamos música. Nuestro grupo se desarrolla y se relaciona regularmente con otras parroquias. El movimiento sigue creciendo además cada día con nuevos miembros. María MediatrixTambién sentí la llamada de María Inmaculada, a través de la Medalla Milagrosa que llevaba colgada en mi cuello desde hacía mucho tiempo, sin saber cuáles eran realmente sus orígenes. Un día, me invitaron a unas jornadas de formación en la AMM y fue ahí donde aprendí cuál era el mensaje de la medalla. A partir de entonces, me convertí en miembro de la AMM y más tarde en consejero de formación. Del mismo modo, sentí que nuestro movimiento de jóvenes también debía formar parte de la AMM y por esta razón, nos hemos unido ahora a la Asociación. Creo que los jóvenes, por el hecho de serlo, podemos atraer a otros jóvenes, porque Dios quiere que todos sus hijos unan sus manos:
Estoy convencido de que la AMM es un medio privilegiado de formación y desarrollo espiritual y esa es precisamente la voluntad de María Eucarística. Los jóvenes y la AMM La AMM no es una asociación limitada ni limitativa:
Por ello, la asociación no se dirige exclusivamente a un solo tipo de personas o a un solo grupo. Sin embargo, sí que es cierto que los jóvenes que forman parte de la AMM no deben limitarse a caminar junto a los mayores sino que deben mezclarse con ellos, creando así un único movimiento. La Medalla Milagrosa existe gracias a la voluntad de Dios y de Nuestra Madre en el Cielo. Por intercesión de Nuestra Señora la medalla está con nosotros y puede llegar a todos los confines de la Tierra, a través de la AMM. La Medalla Milagrosa no es un talismán ni una joya. Es un signo visible y portador de vida, testigo de la unión intima entre nosotros y María Eucarística. Porque solo con Ella y guiados de su manos podremos ir hasta Jesús. Siempre resulta emocionante contemplar los milagros que se operan a través de la Fe que la medalla transmite y ayuda a consolidar. Me gustaría compartir con vosotros uno de los milagros que le ocurrió a un sacerdote amigo mío al que le diagnosticaron una grave y peligrosa enfermedad que requería una intervención quirúrgica urgente. Cuando me enteré de su situación, fui a verle y, con toda mi fe, le entregué la medalla que llevaba en mi pecho y me quedé a su lado orando por él. Una semana más tarde volvió al médico y éste le dijo que el problema, inexplicablemente, había desaparecido. Creo que es muy importante que nos concentremos totalmente en María y en los regalos que Dios nos da y dejemos que Él obre su voluntad en nosotros. También nos corresponde a nosotros, como Cristianos Mariales, ayudar a María a cumplir los deseos de Dios: “Venid al pie de este altar, aquí las gracias serán derramadas” “Por fin, mi corazón inmaculado triunfará” María pronunció estas palabras en Fátima y en muchos otros lugares del mundo. Así es como María habla a las personas sencillas de corazón. El corazón de María es Jesucristo mismo. Él quiere reinar en el mundo pero en el sentido de reinar en el corazón de las personas. ¡Seamos pues instrumentos de Dios y humildes trabajadores en la viña del Señor! Como San Vicente de Paúl, los jóvenes, con su fuerza interior, con su fe y con las posibilidades propias de su edad, están llamados a ser todavía más activos, dinámicos y creativos que nunca. “El amor es inventivo hasta el infinito” (San Vicente de Paúl) Enviados a cumplir la voluntad de DiosHa llegado el momento de que seamos enviados a demostrar y gritar al mundo entero que Dios existe y que nos llama a todos y cada uno de nosotros. Haced la prueba, visitad un día a una persona enferma, alguien que esté muy débil, y dadle la medalla. Con este gesto le estaréis ayudando a “poner” su alma en manos de Dios. No podéis imaginaros la felicidad y la paz que se reflejará en el rostro de esta persona enferma. La misma felicidad y la misma paz que nosotros también sentimos. Seamos como San Dominico, del cual se decía que siempre hablaba de Dios o con Dios. Tenemos que encontrar a Dios en todo lo que nos rodea. Él está ahí. Me gustaría así mismo compartir con vosotros un dicho que aprendí hace tiempo y que, desde entonces, intento poner en práctica todos los días cuando me levanto:
Así sé, cada día, que si Dios viniese a buscarme para llevarme junto a Él a la vida eterna, estoy listo para ir. Lo que más deseo en este mundo es llegar al final de mis días, mirar hacia atrás y ver que todo lo que he hecho merecía la pena. Si ser Cristiano significa estar loco, entonces quiero ser la persona más loca de este mundo. Si ser joven significa ser incansable, entonces quiero ser incansable e insaciable. Nosotros, jóvenes Cristianos, podemos hacer todo lo que hacen otros jóvenes, solo con una diferencia: lo que hacemos debe tener siempre otro motor, otro espíritu, debe ser visto con otros ojos, ¡con nuestro corazón y nuestras manos siempre tendidos a Dios! La AMM tiene una misión importantísima, abrirse a los demás sin excepción alguna, porque la siguiente invitación va dirigida a todo el mundo: dar a conocer la AMM. Sabemos que el deseo de Nuestra Señora es que todo pase por ella para que ella nos guíe a Jesús. María no es nuestro final, ella es una manera de llegar al Fin Supremo. Nosotros los jóvenes esperamos que los mayores nos ayuden. Necesitamos que compartan con nosotros su experiencia de vida en comunión con Dios y con Nuestra Señora. Más que palabras, necesitamos sus testimonios. Así podremos creer en sus declaraciones de fe, seguir sus pasos y mirar hacia adelante hasta el final. Siento que para mí es una gran experiencia tener la oportunidad de estar unido al mundo, todos juntos, unidos en pos de una única causa: Dios, nuestro Padre. “Acuérdate, Oh Virgen María, que jamás se ha oído decir, que quien haya recurrido a tu protección, implorando tu asistencia y reclamando tu socorro, haya sido abandonado por tí.” Esta primera parte de una de las oraciones de San Bernardo es:
En el cielo, María reina sobre los ángeles y los santos. María reina igualmente sobre los corazones de todos aquellos que están presentes ante Ella y así todos nosotros podremos llevarla para que los demás la conozcan también. MM en Portugal |
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