|
||
| Benjamín Romo, c.m. Queridos hermanos y hermanas, Hemos llegado al final de este II Encuentro Internacional de la Asociación de la Medalla Milagrosa y estamos agradecidos con Dios por todas las experiencias compartidas durante estos días. Hemos vivido momentos de estudio, de reflexión, de oración y de convivencia. Las inquietudes, esperanzas y temores nos han llevado a clarificar nuestra misión y también a descubrir una vez más la riqueza de la Asociación y la misión que cada uno de nosotros tenemos en ella. Hoy la Iglesia nos invita a celebrar a dos apóstoles, pilares de nuestra fe. Seguramente San Simón y San Judas escucharon de Jesús esta frase: No me eligieron ustedes, fui yo quien los elegí y les he destinado para que vayan y den fruto abundante… La vocación es una llamada personal que Dios hace a cada persona que vive en este mundo. Unos llegan a descubrirla, y esto es gracia. Otros pasan por la vida sin darse cuenta de la razón de su existencia y de su misión. Hoy la Palabra de Dios nos invita a centrar nuestra atención en nuestra propia vocación, ya que como a ellos, también a nosotros un buen día nos llamó, nos habló de una manera personal y única. Nos llamó para estar con El y para enviarnos ¿Podríamos identificar el acontecimiento y la experiencia de su llamada? ¿Cuándo fue el momento cuando descubrí la presencia amorosa de Dios y la llamada de Jesús? Es importante recordar los elementos de nuestra vocación, ya que ello nos ayuda a renovarla cada día. Jesús tuvo conciencia de su vocación: El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido y me ha enviado… María vivió su encuentro más profundo con Dios a través de la presencia del Ángel y fue así que conoció su vocación. Les invito a reflexionar sobre los cuatro elementos que configuran nuestra propia vocación como aquella de Jesús y de la Santísima Virgen. Les animo a: 1.- Tomar mayor conciencia de la iniciativa de Dios en nuestra vocación. Es Dios quien nos llama y quien nos amó primero: En esto consiste el amor en que Dios nos amó primero, dirá San Juan. Tarea nuestra es, descubrir ese amor, experimentarnos amados por Dios, elegidos por Él. El camino de nuestra vocación inicia al dejarnos amar por Dios, dejarnos poseer por El y experimentarnos amados. Esta experiencia del amor de Dios es la garantía y el fundamento de nuestra fidelidad. 2.- Nuestra vocación es una respuesta libre y responsable de nuestra parte. Decía San Agustín: “Aquel que te creó sin ti, no podrá salvarte sin ti”. La vocación es respuesta positiva, libre, alegre, entusiasta. Es un “SÍ” desde el cuál se expresa la disponibilidad absoluta para sumir los planes y proyectos del Otro, es decir, de Dios. El sí es una opción, es elección y se asume en actitud de abandono y asumiendo la renuncia y las exigencias. San Pablo dirá: juzgo que todo es pérdida ante la sublimidad del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por quien perdí todas las cosas, y las tengo por basura para ganar a Cristo”(Filp 3, 8). La persona llamada manifiesta su disponibilidad diciendo: “heme aquí”. 3.- Nuestra llamada implica una misión. Dios cuando nos llama, nos compromete a ser obreros en su campo, el campo del Reino. La tarea de la persona llamada es la de discernir la misión que el Señor le encomienda. San Vicente lo entendió con claridad y lo expresó diciendo que “Nuestra vocación es una continuación de la vocación de Jesucristo”. ¿Somos capaces de identificar nuestra propia misión en el hoy y en el aquí del mundo en que vivimos? Por otra parte, la misión es siempre nueva. Dios nos la renueva día con día, el discípulo-apóstol, desde la oración y desde el encuentro diario, va asumiendo su misión. 4.- Finalmente en nuestra vocación Dios nos va diciendo: No temas yo estoy contigo. La gracia de Dios nos acompaña. En la vocación, todo es gracia. Dios siempre ha prometido su ayuda a quien llama. Muchas veces en la Sagrada Escritura encontramos esta frase en la boca de Dios: “No temas, yo estoy contigo”, “Te basta mi gracia”. La fuerza para cumplir la misión no es nuestra, es una fuerza misteriosa, que actúa en nosotros, casi sin darnos cuenta, y que nos impulsa a ser testigos y a proclamar la Palabra. Dios acompaña a quien ha llamado y nos mantiene en una actitud de confianza, de apertura y de abandono en las manos de la Providencia. La gracia, transforma al discípulo en apóstol. Al concluir este II Encuentro Internacional de la Asociación de la Medalla Milagrosa , les invito queridos hermanos y hermanas a renovar la gracia de la vocación a la que hemos sido llamados. ueridos hermanos y hermanas, en María tenemos nuestro mejor modelo de fidelidad a la vocación. Ella escuchó la Palabra , escuchó al ángel, se dejó amar por su Dios. Ella dijo: “SÏ” al proyecto de Dios. Era un sí sin reservas, era un sí al plan que Dios tenía sobre ella. María, la mujer sencilla, humilde y pobre, acogió la misión y la vivió en plenitud. Fue ella persona orante ante Dios y atenta a las necesidades de los demás. Que sea ella quien inspire nuestro seguimiento a Jesucristo, y sea ella también nuestra intercesora en nuestro caminar para seguir sirviendo y evangelizando a los pobres. |
| Su opinión y sugerencias sobre este sitio web son importantes para nosotros. Si tiene alguna sugerencia, comentarios, o preguntas envíe su Correo electrónico sobre este sitio de web ammwebmaster2 en amm punto org. |