DIMENSIONES DE LA FORMACIÓN EN
 

DIMENSIONES DE LA FORMACIÓN

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P. Antonio Elduayen, CM Director de la AMM-Perú
  1. El tema habla de DIMENSIONES, FORMACIÓN y ASOCIACIÓN DE LA MEDALLA MILAGROSA, (en adelante AMM). Al respecto, quiero y debo hacer algunas precisiones sobre estos tres términos, que son más que palabras, pues plantean el qué  -contenido esencial de la formación en la AMM-, el cómo y el a quién formar. Hago estas precisiones con el deseo de ayudar a replantear el proceso formativo en la AMM, sea en Encuentros como este o en Cursos, Jornadas, Retiros, celebraciones (de imposición de la MM, de Visitas Domiciliarias, de las llamadas Novenas Perpetuas), etc.

PARTE I     PRECISIONES SOBRE EL TEMA

Precisiones sobre el término DIMENSIONES o QUÉ ENSEÑAR:

  1. Ante todo, se habla de dimensiones (de la formación en la AMM), y no de aspectos, campos o áreas. Aunque se los suele emplear indistintamente, son muy distintos e implican exigencias y tratamientos diferentes. Sólo ciertos aspectos cualificados  -aquellos elementos básicos que dan fondo y forma a una cosa, constituyéndola y configurándola-, son propiamente dimensiones. Y estas son siempre pocas, determinantes, interactuantes e integradoras, trátese de las dimensiones de la materia (largo-ancho-alto-espacio-tiempo) o...de la formación.
  1. En relación con la Formación en la AMM, considero que sus dimensiones son tres, a saber, eclesial, mariana y vicentina. (Vicentina como sinónimo de misionera y de sociocaritativa, y como referencia a la Familia a quien la Virgen María confió su Medalla). Siendo esas las dimensiones del ser de la AMM, constitutivas e identificatorias de su naturaleza, fines y espíritu, tendrán que ser también esas las dimensiones de la formación en la AMM. Es lo que desarrollo en la 2ª parte del tema.

4.      Dejo de lado los habituales aspectos con que rellenamos la Formación en la AMM  -aspectos humano, espiritual, comunitario, cristiano, mariano, apostólico, social, caritativo, bíblico, teológico, etc., mal llamados dimensiones-, me centraré sólo en lo que considero que todo socio de la MM debe conocer para serlo de verdad, a saber, su ser eclesial, mariano y vicentino. Los demás aspectos no corresponden específica y directamente a la AMM. Se los puede tratar, pero sólo a partir de y en el marco de estas tres dimensiones esenciales, y en cuanto ayuden a dar a conocer mejor qué es y para qué es una socia de la MM. Hay que cuidar de dar una visión directa, sencilla, atractiva y actual de la AMM, a tono con su Nueva Imagen para el Nuevo Milenio. Hay que evitar que los muchos árboles impidan ver el bosque, que los muchos temas no dejen ver lo esencial y específico de la AMM.

  1. Después del postulado anterior, y aunque parezca obvio, es bueno recordar  -para que se lo ponga en práctica- , que entre las dimensiones hay una jerarquía. Y esto tanto para el ser o naturaleza de la AMM como para su formación. En la Formación en la AMM, la dimensión principal es su eclesialidad -su ser eclesial-, si bien su dimensión transversal, la que toca y corta las otras, impregnándolas, es su dimensión mariana. La dimensión vicentina, aunque sea la última, no es lo último o sin importancia...

Precisiones sobre la FORMACIÓN en la AMM o de CÓMO FORMAR.

  1. Es bueno tener en cuenta que la formación es mucho más que la suma de sus dimensiones. Que no se reduce a ellas, y que contiene otros aspectos importantes sobre los que éstas gravitan. Me refiero a los principios que sustentan la formación, sus fines, objetivos y metas, su importancia y necesidad, su motivación, sus supuestos y características, el método, etc. Por no tenerlos en cuenta, resultan inoperantes, muchas veces, los temas, las jornadas y los cursos, que damos. Dada su relevancia, aquí y ahora quiero destacar: la importancia o necesidad de la formación y su motivación; el método con que ofrecemos esa formación, y los principios a los que inteligentemente la ajustamos.
  1. Ante todo hay que convencerse y convencer de la importancia vital de la formación en la AMM.. Sin formación no hay conocimiento y cambio cabales ni presencia y acción eficaces. Pero ¿cómo lograr que los asociados en general se interesen y pidan formación AMM? Sin duda dedicamos tiempo y esfuerzo a preparar muy bien los temas, los cursos y las jornadas, etc., pero quizá nos quedamos cortos en su motivación. La gente se entera poco y se mueve menos... Y por eso son pocos los que acuden y son quizás aún menos los que sienten su impacto y se llenan de ardor y llegan a convertirse en auténticos cristianos y fervorosos propagadores de la AMM. Nos hace falta más marketing y sentido de vendedores, oficio que no parecemos ejercer, al menos no tanto como los Misioneros y las Hermanas de la generación de 1832.
  1. Además y supuestas la gracia de Dios y que la MM no ha perdido su eficacia, nos hace falta más y mejor método, que ayude a suscitar y mantener el interés por la formación, a personalizarla y a hacerla más dinámica, duradera y productiva... Decididamente, tanto o más que el contenido de la formación y el entusiasmo con que la impartimos, interesa el método. ¿Cuál de los muchos métodos...? La Virgen María, en la formación de Catalina y para la formación de todos, usó con éxito el método audiovisual  -multimedia, decimos hoy-, por medio de sus apariciones y la entrega de la Medalla...
  1. Por otra parte, una buena formación, también en la AMM, exige tener en cuenta algunos de sus principios y remitirla y ajustarla siempre a ellos. Entre los principios generales de la formación, que concretizo aquí para la AMM, cabe señalar, por su importancia, los siguientes:

-es un proceso continuo,

-en renovación permanente (a partir de la naturaleza o ser de la AMM y en la línea de su ser (nihil innovetur nisi quod traditum est: renovación sí, pero sólo con y desde lo que se tiene)

-que integre fe y vida,

-a partir de la cultura del país y de los asociados (sus capacidades, sus riquezas espirituales y humanas e intereses).

-con vistas a plasmar un estilo de vida como el de María  -la primera Discípula de Jesús-,  estilo de vida consistente y no sólo como un barniz y/o un bagaje cultural... Y con vistas a hacer de la MM un signo de comunión y participación eclesial y vicentina.

  1. Todo esto debe sopesarse y aplicarse sabiamente, pues los miembros formandos de la AMM son muy diferentes. La formación AMM tendrá que tener muy en cuenta si se trata de “asociados”en general o de “asociados especiales”-miembros de asociaciones organizadas nacionales o locales.

Precisiones sobre la Asociación de la Medalla Milagrosa o A QUIEN FORMAR

  1. Una cosa son las características de la Medalla Milagrosa y otra las características de su Asociación. La importancia de la Medalla y el valor que siempre se le ha dado  -estudiándola y propagándola-,  ha opacado la importancia de la Asociación y su interés por ella  -de estudio, organización y difusión. Sobre todo, en relación con los “asociados en general”, que son los más y los más incontactables. Me atrevo a decir que nos ha preocupado más “dar la Medalla”, repartirla, que imponerla debidamente, previa una adecuada catequesis; y, desde luego, más que hacer entender a cuantos la recibían que entraban a formar parte de la Gran y Maravillosa AMM. “Dar medallas” más que “hacer socios”, parece haber sido nuestra práctica. No hemos podido o sabido acompañar y/o seguir después a quienes dimos la Medalla.
  1. A la hora de hablar de la AMM,  -y de propagarla, formando e interiorizando su identidad-, enumero, entre otras, las siguientes dificultades, cuya solución es importante y urgente:
  1. -la falta de unidad de nombre en los diferentes Grupos/asociaciones de un mismo país y la falta de un apelativo que designe, escueta y claramente, a los asociados y socios de la Medalla Milagrosa. Decir “carmelita”o “guadalupana”, abrevia, aclara y precisa las cosas. Pero ¿cómo llamar, con igual brevedad, claridad y precisión, a las devotas y/o socias de la Medalla Milagrosa? Sería bueno inventar este nombre, y hacer que todos los grupos locales se llamen AMM (con un segundo apellido si se quiere).
  1. -la original conformación de la AMM, pues consta de socios (E/4) que son “miembros en general”(no menos de ¿10 millones?) y “miembros en particular”(¿unos 75.000?). Por otra parte, sus miembros son todos los fieles cristianos (E 4.1), es decir, sacerdotes, consagrados y, en su mayoría, fieles cristianos laicos. Obviamente la formación integral que hay que darles, en la vida cristiana y en el apostolado de la caridad (E.2), tendrá que alcanzar a todos, pero distintamente, a cada cual según su condición.
  1. -nuestra aparente inacción a la hora de presentar y propagar la Medalla y/o la AMM. El “¡ya existen otras devociones o asociaciones en la Parroquia!”o el “¡¿qué irá a pasar cuando ya no estemos nosotros?!”, no pueden servirnos de excusa. Tampoco, el pretexto de un falso ecumenismo. Cuando la Virgen de la Medalla se aparece, conoce muy bien el contexto mariano y eclesial de su tiempo -las numerosas y bullentes cofradías y asociaciones marianas existentes, y el proselitista empuje de los protestantes (hugonotes, sobre todo)-, aún así y sin duda por eso, se aparece, rompiendo un silencio de siglos, para confiarnos su deseo.

PARTE II:  DIMENSIONES ECLESIAL, MARIANA Y VICENTINA de la AMM

  1. Teniendo en cuenta y siendo consecuente con las precisiones hechas, paso a tratar brevemente  -queriendo sugerir más que desarrollar-  las dimensiones esenciales e infaltables de la Formación en la AMM: son lo primero y lo más importante a la hora de formarnos y formar...

DIMENSION ECLESIAL

La AMM es eclesial

  1. Históricamente nace como Asociación de Iglesia en 1909, (con refrendaciones en 1990 y 1998). Es lo que hoy llamamos una asociación de la Iglesia, con todas las atribuciones que ella confiere a sus asociaciones (CIC 298-329). En su reconocimiento como tal, se tuvieron en cuenta, sin duda, además de los requerimientos canónicos, su embrionario génesis, en 1830, su contexto y su maravillosa historia. En efecto y aunque sin partida oficial de nacimiento, puede decirse que la Asociación existía ya desde cuando, en 1833 [i] , unos 76 años antes, el pueblo, en respuesta al llamado de la Virgen, cerraba filas en torno a su Medalla, dándole el nombre de Milagrosa. Eran miles los que se sentían convocados y unidos en la nueva devoción y popular advocación. La aprobación de 1909 no hizo sino institucionalizar lo que de hecho ya existía. (La aprobación de la Asociación de JMV, en 1847, ¿no fue como un sucedáneo de la AMM?, ¿como una variante anticipada de la AMM?).
  1. Es también eclesial por ser mariana, ya que María, que es madre y modelo de la AMM, es y se presenta como madre y modelo de la Iglesia... María, con su triple Fiat en la Encarnación, la Redención y Pentecostés (Lc 1,38; Jn 19,25; y He 1,14, respectivamente), vive y se desvive ahora por la Iglesia, que es la presencia viva de su Hijo. Como madre solícita le engendra y educa hijos, protegiéndolos y llevándolos a Jesús, tal como lo muestran la Historia de la Iglesia y... las apariciones de 1830 y la simbología de la Medalla. Por definición y vocación todo socio de la MM es eclesial.
  1. Son igualmente eclesiales todas las circunstancias que rodean la aprobación y difusión de la MM. En efecto será la Iglesia, a través de sus Obispos [ii] y Pontífices, quienes aprueben, apoyen, bendigan y recomienden la Medalla, que es la insignia de la AMM, y la misma Asociación, como se dijo arriba. Por otra parte, la intervención en 1830 de María, como la intervención de SVP en el s. XVII, va a influir muy positivamente en la Iglesia, cambiando su rostro, además de cambiar el rostro del culto a María.

Qué significa e implica para la AMM el ser eclesial.

  1. El ser eclesial significa e implica que la AMM es, entre otras cosas:
  1. - “Lugar teológico”privilegiado de encuentro con Dios Trinidad. Es en la Iglesia donde se vive privilegiadamente el Misterio Trinitario de la Salvación por Jesucristo y desde donde cada fiel ejerce, a su modo, su oficio sacerdotal, real y profético. Ahora bien, como se ha dicho, la AMM es parte de la Iglesia y se nos convierte en el lugar eclesial, querido por María, para vivir con y como ella nuestra vida de Hijos de Dios. Esto que es cierto para toda legítima asociación eclesial, lo es sin duda en forma especial para la AMM, en razón de su singular y privilegiada relación con la Virgen María.
  1. - Signo y concretización de pertenencia a la Iglesia. En la Iglesia y con ella todo cristiano está llamado a vivir su vocación y misión. Puede hacerlo como particular, pero, por la eclesialidad que ha recibido desde el bautismo y por ser la mejor forma de expresar su pertenencia a la Iglesia, es llamado a hacerlo asociativamente (CHFL, 29). Dadas la naturaleza, los fines y el espíritu de la AMM, cabe afirmar que pertenecer a ella es la forma más auténtica y significativa de pertenencia a la Iglesia.
  1. - “Espacio”de comunión y participación. “La Iglesia es en Cristo como un sacramento, o sea signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano”(LG 1). La AMM, por ser Iglesia  -y por ver y tener en la Medalla un signo e instrumento de unidad-, hace suya y se compromete fuertemente con esta vocación y misión de la Iglesia. Más que todo fiel cristiano, el socio MM se siente llamado a vivir y hacer vivir la unidad y la comunión, como reflejo y medio de imitar la unidad Trinitaria y de dar a conocer a su Enviado Jesucristo (Jn 17,21). Quiere y debe hacerlo conociendo y cumpliendo los Documentos de Vaticano II, (especialmente LG, GS, DV, SC, AA, AG, DH y GE. Las cuatro Constituciones y Documentos sobre el Apostolado, las Misiones, la Dignidad Humana y la Educación, las cuatro últimas).
  1. - Instancia privilegiada para el laicado. Para todos, pero principalmente para los laicos, el asociarse representa una “preciosa ayuda para llevar una vida cristiana coherente con las exigencias del Evangelio y para comprometerse en una acción misionera y apostólica”(CHFL 29). Esto, por llevar la Medalla de María, es particularmente válido para “los asociados”y “los socios laicos inscritos”en la AMM. En la era y la hora de los laicos cristianos, la AMM ofrece, ciertamente, un lugar privilegiado para que sus “asociados laicos”-que son la mayoría-, puedan realizar su vocación y misión en el mundo y en la Iglesia. Hacer de la AMM una escuela y palestra para el laicado, es otra buena tarea para sus asesores y formadores. Pero antes debemos convencernos de que es y puede seguir siendo así.
  1. - Es una, santa, católica y apostólica. En Iglesia y como Iglesia, la AMM hace suyas, esforzándose por conocerlas y encarnarlas mejor, sus notas definitorias. La formación dentro de la AMM deberá insistir en estos rasgos característicos de su dimensión eclesial, si quiere serlo de verdad. Deberá hacerlo fundamentándose en la Biblia y en los Documentos básicos del Magisterio de la Iglesia; y ejemplarizándolo en María y en SVP., que originan las otras dimensiones de la AMM.
  1.  En relación con la unidad, la AMM se empeñará en vivenciarla y practicarla, por encima de todo, como condición y ecosistema de vida, antes incluso que como su virtud principal. Así lo enseñan Jesucristo (Jn 17,21) y la Iglesia (LG 1). Esta unidad hay que cultivarla también a nivel de Institución. De manera tal que todos los asociados, cada uno desde su peculiar condición, tomen conciencia y sientan sano orgullo de constituir una gran y maravillosa Familia. UNA en la diversidad (de sus miembros) y DIVERSA en la unidad (de su organización, fines y espíritu).
  1. En relación con la santidad, la AMM se reconoce como porción selecta del Pueblo de Dios, que es santo y se esfuerza por hacer santas todas las cosas, mientras peregrina en la historia hacia la patria celestial, en unión con María y al estilo de SVP. Estas dos dimensiones combinan una forma de santidad que pasa por la dimensión social de la fe, la caridad y la esperanza. Contemplación y oración, sí, pero en la acción; comunión y vida litúrgica, sí, pero con y para el prójimo, sobre todo el necesitado; utopía y esperanza, sí, pero anticipando al aquí y ahora los valores del Reino.
  1. Sin duda, los miembros de la AMM tuvieron y tienen siempre muy claro que están en la AMM para ser santos; lo que quizá no tuvieron siempre tan claro fue cómo serlo, la manera concreta de ser y parecer santos. ¿Demasiado piadosos y rezadores? Encontrar el perfil del santo que corresponde a los asociados y socios de la MM y ayudarles a formarse en él, parece ser una tarea urgente y pendiente de nuestra formación. Sin duda ese perfil deberá tener rasgos marianos y vicentinos.
  1. Decir que la Iglesia es católica es decir que es universal, pero es también decir que posee una fuerza vital  -como un dinamismo divino-  que la hace crecer interiormente y expandirse. Y es decir que tiene elementos que le dan identidad e identificación, diferenciándola del resto de las instituciones humanas y de otras Iglesias. Estos tres aspectos tendrán que estar muy presentes en el empeño formativo de la dimensión eclesial en la AMM.
  1. María y la Iglesia quieren que la AMM tenga su fisonomía propia, siendo ella misma y no otra cosa; y que se fortalezca interiormente y que se extienda en todo el mundo. En estos tiempos de relativismo y del “qué más da”, se nos pide estar vigilantes y propagar la Asociación, pero como mariana de la MM y como vicentina (=misionera y solidaria). La red mundial que es la Asociación, necesita de muchos centros neurálgicos (los grupos locales y nacionales organizados). A los formadores les espera una gran tarea de formación y de revitalización del conjunto.
  1. La Iglesia y la AMM son apostólicas, porque conforman su fe 1) con el Credo y 2) con la Misión de los Apóstoles. Por parte de la Asociación, esto se corresponde muy bien con sus dimensiones mariana y vicentina. La dimensión apostólica exige, primero, vivir y ayudar a vivir la fe con obediencia al Magisterio de la Iglesia. (Dado el historial de la AMM, no parece que esto vaya a ser difícil en la AMM, aunque habrá que regularizar muchas situaciones de hecho, en especial con los Obispos en sus Diócesis). Exige, segundo, tomar parte en la Nueva Evangelización y en los aspectos esenciales que la integran: la inculturación del Evangelio y la cultura cristiana, la promoción humana y la Enseñanza Social de la Iglesia, las misiones... (Por el mismo historial de la AMM, formar en y para estas tareas habrá de resultar mucho más difícil).

DIMENSION MARIANA

La AMM es mariana

  1. Huelga insistir en ello. Pero sí es bueno recordar algunas puntos, en los que tendrá que abundar nuestra formación, por ejemplo:
  1. - Que su dimensión mariana es transversal, es decir, que corta todas las otras dimensiones y todos los otros aspectos de la AMM, iluminándolos y llenándolos del “sensus Mariae”. María no es un tema ni siquiera el principal de la formación en la AMM, sino “su forma y su medida”. Todo en ella ha de ser visto y hecho en comunión con María, desde su perspectiva y con su apoyo.
  1. - Que, entre las asociaciones marianas reconocidas por la Iglesia, es la única que nace con una imagen-retrato de María, dado por ella  -su Medalla-,  y de su deseo expreso de que todos la lleven e invoquen, lo que nos reportará hartos favores...
  1. - Que, aunque tenga el común denominador de mariana, tiene originalidades que la singularizan, diferenciándola de las demás asociaciones marianas. Originalidades que hay que respetar y cultivar, como: la Medalla, que es su signo; la configuración múltiple de la Asociación y su peculiar organización, sus fines y espíritu, y, sobre todo, la Alianza María-Asociados, que establece y fomenta.
  1. - Que la Medalla, más que una suma de signos (que los tiene), importa como “el signo de la Asociación”. Es el signo que nos convoca, reúne y moviliza; el signo que nos damos y llevamos para recordar que tenemos una alianza con María y entre nosotros, que formamos y somos una comunidad mariana.

Qué significa e implica para la AMM su dimensión mariana

  1. La formación en esta dimensión  -que es como la otra cara y nombre de la dimensión eclesial-,  debiera pasar por una lista jerarquizada de tópicos, de la que entresaco los que considero principales:
  1. - La Alianza Mariana, que se establece entre María y los asociados. Es lo primero y más importante. Si en la Medalla se ha visto la Biblia Mariana del Pueblo de Dios, con mayor razón hay que ver en ella el signo y el medio (como un sacramental) de la Alianza entre María y su Pueblo, en especial los pobres y necesitados. Hay que insistir ante todo y sobre todo, en esto que constituye el núcleo del mensaje de las Apariciones de Rue du Bac: María quiere y viene a establecer una Alianza con su Pueblo, una autentica y sencilla Alianza Mariana, por la que Ella se convierte en especial Madre y Protectora y los asociados se comprometen a ser sus hijos, lo que muestran llevando e invocando su Medalla. Todo ello como parte de una experiencia religiosa y dentro de una relación amorosa, íntima y directa, de persona a persona, que pasa por lo comunitario (la comunión con los demás).
  1. - El culto mariano de la Inmaculada Concepción. Ciertamente la Medalla encierra todos los misterios, títulos y privilegios de María, que constituyen su gloria, gozo y dolor. Con todo, el Privilegio que María pone de relieve y para el que reclama un mayor compromiso, el que dará nombre y perfil a la Medalla, es el de la Inmaculada Concepción. Un miembro de la AMM es, ante todo, alguien que se compromete a vivir, hasta las últimas consecuencias, como profeta y apóstol de la Inmaculada Concepción -en cuanto implica de excelencia y de contradicción, en nuestra actual cultura transexual y transgenética. Exponer, celebrar y defender hoy este Misterio, debe ser hoy tarea importante en la formación y el apostolado de nuestra Asociación, que sigue llamándose y siendo de la INMACULADA CONCEPCIÓN de la Medalla Milagrosa.
  1. - El sentido mariano (sensus Mariae) en nuestra vida como asociados. Desde de la perspectiva de nuestra Alianza con María, es normal y justo que lo veamos todo desde María, con su mirada de fe, con su corazón lleno de caridad y con su entrega llena de esperanza. Por esto principalmente, como se dijo, llamamos transversal a esta dimensión de la AMM. El evangelio de María y en especial el Magnificat, nos ayudan a tener de Dios, de Jesucristo, de la historia y del mundo, de nosotros mismos, de los demás y de la Iglesia, la visión que tuvo María, el sensus Mariae..
  1. - El modelo mariano de nuestra vocación y misión. María modelo nos dice lo que Dios pide de ti y de mí. Y lo que quiere hacer de nosotros, si imitamos su virtudes y en especial su docilidad y disponibilidad. Ella tiene experiencia, voluntad y poder para acompañar nuestro crecimiento en todo aquello de lo que es modelo: 1. de unión con Dios (en el Hijo por el Espíritu Santo), 2. de “ser humano” (como mujer, Madre-Virgen y esposa), 3. de discípula de Cristo (la primera en la fe y el amor), 4. de evangelio viviente (en la Iglesia y en la Cultura), 5. de vida espiritual y santidad (uniendo fe y vida, santidad y virtudes: la docilidad y disponibilidad ante todo, con humildad, sencillez y caridad), 6. de orante...
  1. - El modelo de Nueva Evangelización, de promoción humana y de realización de la cultura cristiana. Así aparece en el Evangelio, sobre todo en su canto del Magnificat, y así la presenta el Documento CELAM de Santo Domingo (1992), cuyo subtítulo es Nueva Evangelización, Promoción Humana, Cultura Cristiana. Habría que transcribir aquí algunos párrafos del Documento (15, 104, 163, 229), pero por caer de lleno en lo que he llamado dimensión vicentina de la AMM, lo dejo para ese momento.
  1. - La difusión de la Medalla Milagrosa y de la Asociación de la MM. Es nuestra cordial y responsable respuesta al deseo de María, puesto en manos de los vicentinos. Y es el reconocimiento de las bondades de la Medalla y de la Asociación. De lo que son en sí y de lo que son para la Iglesia y el mundo, hoy. De su actual valor y vigencia, según lo estamos viendo. Todo esto supone un bien pensado plan de formación que educa, no sólo informa, para llevar debidamente la Medalla y llevarla sintiendo que uno es ya miembro de su Asociación; para llevarla y para propagarla desde la AMM. Si hay amor e interés, si como Juan acogemos a María (Jn 19,27), habrá tiempo y recursos para difundir la Medalla y la Asociación.

DIMENSION VICENTINA

La AMM es vicentina.

  1. Afirmarlo así, de buenas a primeras suena y parece, por decir lo menos, raro. Pero deja de serlo si se va al fondo del asunto. En efecto, Vicente de Paul consagró su vida a lo que María, en sus apariciones de 1830, nos manifestó y pidió: darse a Dios e ir a los más pobres y necesitados, inspirándoles confianza, mostrándoles su predilección con hechos y palabras, atendiéndoles corporal y espiritualmente, con afecto y eficiencia; evangelizándolos integralmente buscando su realización, conversión y salvación... El plan de Vicente se corresponde anticipadamente con el de María, ¿será por ello  -y por el amor que Vicente y Luisa de Marillac le tienen- , que María quiso elegir y confiar su plan a la Familia de Vicente? Al menos es por ello que, con toda razón, puede y debe hablarse de la dimensión vicentina de la AMM [iii] . Donde el término “vicentino”es sinónimo de Misión y Caridad (en sus aspectos social y político), en favor de y con los pobres, como lo hizo Vicente de Paul.
  1. Formar, de modo sistemático y exigente, en esta dimensión, puede ser de lo más difícil, ya que, en la mayoría de los casos, se tratará de un cambio de mentalidad, con todas sus consecuencias. Habrá que ayudar a pasar de ser un ““devoto” de la Virgen de la MM (por hacer algunos actos piadosos y algunas obras de caridad), a ser “laico comprometido” y “vicentino”; de ser miembro de la AMM a ser, en cuanto tal, miembro de la Familia Vicentina.

Qué significa e implica para la AMM la dimensión vicentina

  1. Opción por los pobres y necesitados. Ciertamente María no excluye a nadie ni a ninguna clase de necesidad, material o espiritual, pero ella y su Medalla vienen ante todo para quienes padecen necesidad. Ser miembro y trabajar en la AMM, no importa la clase de afiliación que se tenga –miembro genérico o inscrito- , es, ante todo, 1.- reconocerse pequeño y necesitado, 2.- trabajar por quienes se sienten y/o viven como tales, y 3.- hacerlo con medios aparentemente pequeños e insignificantes como la Medalla o el crucifijo.
  1. Trabajo de Nueva Evangelización. Hay que aprender a leer en María las actitudes que requiere la Nueva Evangelización. Ante todo 1.- su profunda experiencia de relación con Jesucristo, como base de una evangelización llena de ardor y de expresiones y métodos nuevos, en respuesta atenta a los signos de los tiempos; 2.- su fidelidad incondicional al designio del Padre; 3.- su docilidad y disponibilidad al Espíritu, para actuar con libertad profética y anunciar la Buena Nueva con acción liberadora; 4.- su actitud de pobreza interior para contemplar y dar de sí desde una vida compartida con los pobres y con cuantos necesitan ser acompañados...(El Doc SD 414-415, contiene otros valiosos y hermosos aspectos)
  1. Trabajo de Promoción Humana. Ante todo y desde una visión de género, 1.-la dignificación de la persona, especialmente de la mujer  -(“consagrada”o “laica”: esposa, madre, o simplemente mujer de su tiempo..., como nos lo recuerda Sto Domingo (416-420). En María reconocemos a aquella que, después de Cristo, ocupa en la Santa Iglesia el lugar más alto y a la vez el más próximo a nosotros (LG 54). Está luego 2.- la liberación integral, junto a los que buscan al Dios que libera, levantando a los pequeños y derribando a los fuertes, a los que no quieren aceptar pasivamente las circunstancias adversas de la vida personal y social, ni se conforman con ser víctimas de la alienación...
  1. La liberación integral –cultura cristiana y promoción humana-, que reclaman el    Evangelio y la Iglesia, pasa por la llamada Doctrina Social de la Iglesia, que es parte integral de la evangelización. Formar en la Doctrina Social de la Iglesia debiera ser una tarea prioritaria y permanente en la AMM.
  1. Trabajo de inculturación del Evangelio, hasta la realización de la verdadera cultura cristiana. Con María y al estilo de María, en profundidad, no en barnices ni afeites cosméticos, superficiales, como la mayoría de las culturas cristianas que nos hemos dado a lo largo de la historia. Los miembros de la AMM, al acoger a María y comprometerse con ella, evangelio viviente, acogen y se comprometen a hacer carne cultural en su vida concreta, los valores que la Virgen Madre representa. Se comprometen también a que estos valores tomen carne cultural en la vida y las circunstancias concretas de los suyos y de los hombres y mujeres a los que atienden.
  1. En una cultura como la nuestra, cada vez más secularizada, globalizada, informatizada y genomizada, el trabajo de inculturación del Evangelio o de creación de cultura cristiana, es, sin duda, el trabajo más arduo y desafiante que nos espera y se nos pide... Afortunadamente contamos para ello con la ayuda eficiente de María de la Medalla Milagrosa hoy, como lo fue antes, desde el revolucionario y cambiante 1830.
  1. Misiones y Visita Domiciliaria. Las Misiones deben ser  -y a su manera han sido siempre y son-, una exigencia de las Apariciones de María a Santa Catalina y una actividad esencial de la AMM. [iv] . Podrá y deberá participar en alguna de las variantes de misiones populares, pero su campo misionero propio y específico está en y con las familias. ¡Y qué campo tan extenso, importante y decisivo para la humanidad y para la Iglesia! La visita misionera de María a la familia de Isabel-Zacarías-Juan (Lc 1,39-56), con sus bendiciones, es el modelo de lo que quiere ser la Visita Domiciliaria con las capillitas o urnas. Gracias a la Virgen Misionera, portada por las llamadas celadoras, esa visita se ha repetido millones y millones de veces y deberá seguir repitiéndose. Bien hecha, es la mejor manera de llegar al corazón de las familias  -junto con las misiones masivas de la llamada Novena Perpetua y la imposición de la MM.
  1. Para que esta labor apostólica se convierta en una verdadera misión, habrá, sin duda, que reorganizar algunas cosas y darle rostro de Nueva Evangelización (Cf. Item.33-36). Al mismo tiempo habrá que formar a los miembros de la AMM para que participen en las misiones de la Familia Vicentina, desde su carisma y con su espíritu mariano. La experiencia nos dice que, cuando la Virgen María prepara y se hace presente en unas misiones, éstas están garantizadas.
  1. Desde 1617 Vicente de Paul puso como Patrona Celestial de las asociaciones que fundaba a la Inmaculada Concepción [v] . Luego (1830), la Inmaculada Concepción en persona quiso darnos su Imagen-Retrato en la Medalla, para que la sigamos poniendo como Reina y Señora de todo, en especial de nuestros corazones. Es lo que hicieron desde los orígenes, aún sin ser asociación formal, los fieles portadores de la Medalla, animados por la CM, las HC y, desde 1847, por la Asociación de Hijos e Hijas de María, hoy JMV. Es el don y la tarea que confió a la Iglesia por intermedio de la Familia Vicentina y que ésta, desde 1909, asumió y concretó en la AMM, como la más directa depositaria, cultora y propagadora de la Medalla.
  1. La Familia Vicentina en sus diversas asociaciones o congregaciones debiera tomar conciencia de que, cuantos llevamos impuesta la Medalla formamos parte y somos socios de la AMM. Y que consecuentemente, 1.- nuestra devoción a María pasa por la devoción y el culto a nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, y 2.- nuestra pertenencia a la AMM nos obliga a todos, aunque en diferente manera, a hacer nuestra su causa, conociéndola y dándola a conocer más, queriéndola, apoyándola y estableciéndola.
  1. En el Umbral del Nuevo Milenio”Juan Pablo II ha puesto este tercer milenio en manos de María... Vicente de Paúl habría hecho lo mismo. Y lo mismo quiere hacer, sin duda, la Familia Vicentina, ojalá que desde la AMM.


h [i] Empezó a ser llamada Medalla Milagrosa desde el 13.06.1883, a raíz de la curación de un soldado en el Hospital de Alençon.

[ii] Mons. J.L. Quelen, inmaculista fervoroso, encontró en las Apariciones y en la imagen de la Inmaculada de la Medalla, un estímulo vigoroso a su tesis y devoción. Aprobó inmediatamente la difusión y el folleto “Mes de María”de la MM y ordenó al canónigo P.Q. Quentin una acuciosa investigación sobre la verqacidad de las Apariciones con vistas a su aprobación, que la muerte en 1839 se lo impidió.

[iii] Don y Tarea, es para la AMM su dimensión vicentina. Ante todo es un regalo de María a la Familia Vicentina, (conformada entonces por las HC y la CM y hoy por más de 165 Ramas, entre las que están JMV y AMM). Un regalo muy singular de María, que habla de su predilección por la doble Familia Vicentina y de protección y ayuda especiales, según lo comprueba la historia. Pero que habla también de la confianza que María puso en nosotros al encomendarnos la tarea de acuñar y dar a conocer la Medalla y sus mensajes. Sólo María sabe por qué quiso fijar sus ojos en la FV... Podemos enumerar una serie de aparentes motivos, pero no es esto lo más importante. Lo realmente importante es evaluar cómo, a lo largo de la historia, hemos cumplido la tarea encomendada y, aún más, decidir qué y cómo vamos a hacer para reactivar la tarea, hoy y aquí tan válida como entonces.

Desde los orígenes y aún sin ser asociación formal, los fieles portadores de la Medalla fueron sus principales cultores y difusores, animados por la CM, las HC y, desde 1847, por la Asociación de Hijos de María (hoy JMV). Después (1909), lo fue la flamante AMM... La importancia y el relieve puestos en la Medalla y en que se la lleve, sin referencia a la asociación que automáticamente origina y en la que se entra por llevarla, opacaron siempre a la Asociación, sin ayudarla a crecer como tal. Ha preocupado más  -y nos ha sido mucho más fácil-  repartir medallas que hacer asociación. Es algo que habrá que corregir: no más “dar una medallita”, sino imponerla y dar entrada a la AMM...

[iv] Hay que recordar que, en la primera fase de la Aparición del 27 de Noviembre, María se presenta como Reina de las Misiones. Así lo percibió y reclamó la vidente al P.Haladle y así la hemos llamado y seguimos llamando nosotros.

[v] CEME 567, 571, 594, 628, 667, etc.

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