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Rev. Carl Pieber , C.M.- U.S., Philadelphia
El Jesucristo del evangelio de hoy, no es el Jesucristo al que estamos acostumbrados. No es el Jesús que camina entre las multitudes, dándoles a comer panes y peces. No es el Jesucristo que cura al enfermo. No es el Jesucristo que castiga a los escribas y fariseos. En definitiva, no es el Jesucristo que proclama las maravillas del reino de Dios en las parábolas.
Aquí Jesús siente tristeza porque no puede salvar a estas personas. “¡Si también tú conocieras en este día el mensaje de paz! …porque no has conocido el tiempo de tu visita." La ceguera les impide ver al Dios - hombre en su interior. Les impide ver la salvación que les está ofreciendo. Les impide oír las maravillas del amor de Dios hacia ellos.
Hoy, estamos más colmados de gracias que las personas del tiempo de Jesús. Tenemos la visión y el conocimiento de la paz y la salvación. Tenemos en cuenta la salvación de Jesús, la muerte y la resurrección. Y con la palabra “visitación,” recordamos la visita de María, por ella, hemos sido colmados de muchas gracias, puesto que se nos ha dado la Madre de Dios.
Jesucristo nos ha mostrado el sendero del reino de Dios. A través de su muerte y resurrección nos ha dado la gracia del conocimiento “…el mensaje de paz” Debemos amar a Dios como nuestra única identidad y amar a nuestro vecino e incluso a nuestro enemigo, como a nosotros mismos. Esto es lo que es el reino de Dios en la tierra.
Y María Inmaculada fue la que nos dio este mismo mensaje cuando se apareció a Santa Catalina Labouré. Los brazos abiertos ante la medalla milagrosa de María nos muestra el amor de Dios para nosotros a través de María. Tenemos el privilegio de estar aquí, en vísperas de la fiesta de las Apariciones de María a Santa Catalina Labouré. ¡Cuantas gracias nos concederá el Señor si se las pedimos al pie del altar…!
El mensaje de María es sólo otra manera de decirnos lo que Jesucristo nos dijo en su Última Cena - tomad y comed esto es mi cuerpo, tomad y bebed esta es mi sangre. Porque yo, tu Señor y tu Dios, deseo estar contigo toda la vida. ¿Podíamos tener mejor mensaje para dar al mundo? No. El mensaje de María es el mensaje de la Última Cena de Cristo y su invitación a la salvación.
Que nuestra participación en esta Eucaristía pueda colmar nuestro deseo de venir al pie del altar y hacernos uno con nuestro Dios y Señor.
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