Homilía para la Misa en Santa Andrea delle Fratte

Humilde confianza en la Providencia de Dios

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Miércoles, 26 de Octubre del 2005
Misa: 18:40 hasta las 19:45 (Cena a las 20:30 en Casa Maria Immacolata )
P. Charles Shelby, C.M.

Tema del día

Hemos pasado el día reflexionando sobre el apostolado de la Medalla Milagrosa. Lo hemos considerado en profundidad con dos ejemplos, 1) la "nueva pobreza" de hoy y 2) la juventud. Estos dos ejemplos no nos ordenan lo que debemos hacer en nuestro apostolado. Sin embargo, nos ofrecen puntos de revisión para asegurarnos de que nuestro apostolado incluye a todos los que debería. Nos acercamos a nuestro apostolado en calidad de servidores de Nuestra Señora, como sus representantes ante sus hijos, sobre todo, aquellos hijos más necesitados.

El Evangelio nos llama a la Misión

Mientras oímos la Palabra de Dios para hoy, escuchemos lo que nos dice.

A través del evangelio de San Lucas, Jesús nos recuerda que Dios no ve el mundo como nosotros. "Los últimos serán primeros, y los primeros serán últimos". Vengamos ante Dios para pedir sus ojos cuando miramos el mundo. Veamos como Dios ama a los pobres y desea que ese amor se comparta.

Adentrándonos más el evangelio, escuchamos a Jesús que nos invita a no tener miedo de trabajar duro por Dios. A veces, tendremos que apretarnos en la "puerta estrecha". Trabajar por Dios, es como pasar por una puerta estrecha, y solos no seremos lo suficientemente fuertes para la tarea.

En otro pasaje, Jesús promete que Dios proveerá lo que necesitemos. San Vicente de Paúl vivió de acuerdo con esta promesa del cuidado providencial de Dios, y nos legó este principio. Sólo necesitamos confiar en Dios y esperar su iniciativa. No lo podemos hacer solos. Dios construye por nosotros. Si no lo hace, estamos construyendo en vano. Dios proveerá para nosotros si confiamos en él.

La Primera Lectura revela que nuestra llamada es personal

San Pablo fundamenta en este tema de la providencia de Dios el poderoso mensaje de la primera lectura. Podemos ser débiles, pero el Espíritu Santo viene en nuestra ayuda. El Espíritu Santo no es una abstracción vaga. El Espíritu Santo es Dios mismo. Jesús nos lo dio. El Espíritu Santo vive en nosotros. Por causa del Espíritu Santo, no necesitamos un talento especial o una fuerza extraordinaria. Los resultados pertenecen a Dios. Dios lo puede hacer. Dios lo hará.

La lectura muestra claramente que Dios nos dio una misión personal. Buscó nuestros corazones y sabe lo que necesitamos. Nos dio una misión, y nos da los medios para realizarla. Sólo necesitamos confiar en él, dejarle trabajar a través de nosotros. La parte importante no es lo que traemos a la misión, sino lo que Dios provee. Podemos hacer el trabajo de Dios, sólo en Dios.

Recuerdan lo que dice la primera lectura, "Sabemos que Dios ordena todas las cosas para bien de los que le aman, para bien de los que han sido llamados según su designio." El plan de Dios nos rodea. Es como la brisa que nos lleva en la dirección que deberíamos tomar. Abramos nuestros corazones a Dios y dejemos que su plan nos toque y nos guíe. Su plan obrará por nosotros, porque todo, todo, contribuye para bien. Una vez más, el mensaje es confiar humildemente en Dios. Dios lo puede hacer. Dios lo hará.

San Pablo sigue, hablando de la providencia de Dios. Dice que somos "conocidos" y "predestinados". Somos re-hechos (o hecho de nuevo) a imagen del Hijo de Dios. Hemos sido "llamados" y "justificados" ante Dios. Tenemos la promesa de la gloria. Cuando Pablo dice que hemos sido llamados, se refiere a nuestra misión. Como miembros de la Asociación de la Medalla Milagrosa, la misión que hemos recibido de Dios implica nuestro apostolado. Por la gracia de Dios, hemos aceptado nuestra misión, cualquiera que sea. Ahora, venimos a rezar y confiamos que Dios nos ayudará. Dios lo pude hacer. Dios lo hará.

Se darán grandes gracias a aquellos que las piden. Recen. Recen con confianza. Recibirán gracias abundantes.

María nos indica como realizar nuestra Misión

En esta iglesia tan bonita y tan especial, hemos pasado fácilmente de Cristo a María. Dios nos dio una misión, inserta en los apostolados de la Asociación. Nos prometió los medios para realizar su misión. Como le dijo María a Santa Catalina, por tanto, rezamos para todo lo que necesitamos, y rezamos con confianza. Dios lo puede hacer. Dios lo hará.

María nos indica el camino. Aquí, en esta iglesia, tocó el corazón de Alfonso Ratisbonne. Fue una verdadera madre para ese judío agnóstico que había resistido tantas veces a la llamada de Dios. Como madre, nunca renunció. Nunca tuvo que castigar o enfadarse. En el plano amoroso de Dios - en su providencia - cuando llegó el buen momento, el bueno momento de Dios, estuvo presente. Lo tocó personalmente y su vida cambió.

¿Te das cuenta de cuánto el ejemplo de Alfonso Ratisbonne y de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa es para ti? Esta historia nos llama a una confianza humilde en el plan de Dios y en su generosa providencia.

Lo que María hizo para Alfonso, es lo que ustedes hacen hoy para los que les rodean. Tocan su vida personalmente. Hacen diferente la vida de las personas que sirven, tal como el amor de María cambió el mundo a los ojos de Alfonso. Pueden cambiar las vidas de los que tocan.

Esta iglesia es muy especial para nosotros, miembros de la Asociación de la Medalla Milagrosa, porque su mensaje es para nosotros. Nos recuerda que podemos hacer para otros, lo que María hizo para él. Recen con confianza. Confíen a Dios sus necesidades. Recibirán grandes gracias porque las piden. Crean que Dios les da su espíritu. Lleven este espíritu con ustedes cuando dejen esta iglesia. Llévenlo a casa después del Encuentro. Dejen que sea el espíritu quien les guíe en su apostolado. Este espíritu es el Espíritu Santo. "Viene en ayuda de nuestra flaqueza" (Rom 8, 26).

Dios lo puede hacer. Dios lo hará.

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