Homilía del P. Gregorio Gay, Director General de la AMM 24 de octubre 2005
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Muy Buenos días a todos y todas. Bienvenidos a esta celebración de fiesta de con la cual estamos iniciando esta Reunión Internacional de la AMM.

El contexto de este encuentro es el mismo es de fiesta con María, con los discípulos y Jesús como lo descrive en evangelio que hoy escuchamos, presencia que ha pesar de que han pasado muchos años sigue siendo una fiesta con Jesus, con María y con nosotros, los nuevos discípulos.

Imaginemos que estamos en esta fiesta de Canna , donde Jesús a través de la intercersión de su Madre, hizo su primer milagro cambiando el agua en vino como escuchamos en el evangelio.

Es importante comprender el contexto: es una boda, una celebración de alegría, una fiesta de compromiso, una fiesta de vida.

El signo principal es el vino que es simbolo de vida. Jesús es el mejor vino… la mejor vida para que los participantes de la boda pueden gozar de esta mejor vida. María nos dice lo mismo que dijo en aquel momento: “Hagán lo que el dice”. Lo dice también a nosotros, los invitados a la boda esta semana, que somos de todas partes y estamos representando el mundo entero.

Hemos venido para profundizar nuestra devoción y amor a María. Hemos venido a profundizar nuestro conocimiento de la AMM. Hemos venido para estrechar lazos de hermandad y de amistad con otros socios para que juntos podamos seguir llevando adelante nuestra misión en la Iglesia.

Este primer milagro de Jesús en la bodas de Caná manifesta su gloria, la gloria del Hijo de Dios Padre y Maria estaba presente en una manera significativa. También ella estaba presente junto a la cruz de su Hijo con otros discípulos, mujeres y Juan .

Nosotros, los nuevos discípulos, queremos gozar de su gloria poco, pero a la vez nos compromentemos de estar presentes en su sufrimiento en la cruz junto y como María.

Hoy hay muchos que sufren en nuestro mundo por causa de la violencia, las guerras, el egoismo humano, los desastres naturales. En ese contexto, las personas pueden perder la esperanza, pueden perder el sentido de su vida, y nosotros, como Jesús y María estamos llamador a ser “señales” de vida, signos de alegría… es nuestro compromiso, es nuestra mision en un mundo sin vida.

Dejemos que esta semana Jesús convierta el agua en vino, que transforme nuestras vidas en su vida, por intercesión de la Medalla Milagrosa.

Sieando así, como Jesús, haciendo todo lo que el nos dice estamos fortalecidos para luchar contra el gran dragon, contra el mal, contra el enemigo de Dios.

Sigamos bajo la protección de la Medalla Milagrosa, que es nuestra fuerza, nuestro escudo. Deseo que la Eucaristia que compartimos… el pan y agua convertidos en el Cuerpo y la Sangre de Cristo nos ayuden a renovar nuestro compromiso.

Bienvenidos a todos y a todas a la boda, que sea una semana de vida, de alegría y de un renovado compromiso.

Amén.

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