Marina Costa
presidenta internacional AIC
A través de los siglos, los vicentinos nos hemos propuesto llevar el proyecto de nuestro Fundador, haciendo realidad en el mundo el espíritu evangélico de la caridad. San Vicente se inspiraba en la imitación de Cristo que predicó y llevó muy lejos el amor por todos, en particular por los pequeños, los débiles y los pobres.
H oy día, este precepto vive y opera en la Familia Vicentina, pero los tiempos han cambiado, la sociedad ha tenido una evolución enorme, las causas de la pobreza, así como los tipos mismos de la pobreza evolucionan sin cesar. Por esto, las diferentes ramas de la Familia Vicentina nos hemos cuestionado (o lo estamos haciendo ahora) sobre la forma de transformar nuestros métodos de intervención, para responder mejor al espíritu evangélico de la caridad.
Este espíritu de caridad, como lo entendemos los vicentinos, no cambia, pues su esencia incluye valores trascendentes y universales inmutables. Está ligado al amor a la solidaridad, a la escucha atenta al clamor de los pobres, está ligado a la lucha contra la injusticia y a la defensa de sus derechos.
Lo que tiene que renovarse es la forma de ejercer el apostolado de la caridad a través de la búsqueda de nuevos caminos adaptados a las realidades y desafíos que nos plantea el mundo actual. Es un camino largo y jamás acabado, lo cual requiere un proceso permanente de reflexión, análisis, diálogo y acción, siempre fieles a las enseñanzas de San Vicente y viviendo como María la solidaridad con los pobres en hechos concretos . (Como se dice en el doc.final de su Asamblea Ass.2001 al cual haré varias referencias en esta charla)
La evolución de nuestro apostolado está en relación directa del proceso seguido, tanto por quienes se comprometen a ejercer la caridad, como de los destinatarios, es decir de los más abandonados, nuestros amos y señores. Los pobres de hoy no son los mismos pobres de ayer. Debemos escucharlos con gran disponibilidad y atención para comprender sus necesidades, sus demandas, sus exigencias y responder a la compleja situación de la pobreza , que a pesar de los esfuerzos de muchos, sigue aumentando día con día.
En el documento citado los miembros de AMM asumieron un compromiso importante: ejercitarse en la escucha del Señor y de los pobres;
Las pobreza de hoy nos interpelan de manera muy fuerte, los Estatutos Internacionales de AMM les indican un camino para buscar respuestas, a través de la veneración de María, la santificación de sus miembros, la formación integral en la vida cristiana y el apostolado de la caridad, especialmente con los más abandonados .
Con frecuencia en nuestras asociaciones subrayamos la importancia de permanecer fieles al espíritu de San Vicente: por esta razón y esta fidelidad, las asociaciones vicentinas debemos continuar avanzando, abriendo nuevos caminos, para ser proféticas como nos lo indicó San Vicente: el fue un profeta y nos legó el mandato se ser profetas en nuestro tiempo.
En el curso de este día de trabajo ustedes se cuestionarán acerca de su propias respuestas al clamor de los más pobres, y del camino futuro de AMM, que, para ser eficaz y transformador, debe estar íntimamente ligado a la evolución de las pobrezas y de las situaciones de los más pobres, y partir de un serio analisis de la realidad que es indispensabile para hacer planes para el futuro.
A este propósito, quiero compartir con ustedes una frase que me impactó mucho:
“Si el Señor nos hizo nacer en este preciso momento de la historia, es porque quiere algo de nosotros”. Pués se trata de una llamada de Dios. Es un reto que El nos confía y a nosotros nos toca responder comprometiéndonos en serio para transformar la sociedad y las situaciones de pobreza de hoy.
Como dice su documento tenemos una gran ayuda: e l conocimiento de la misión de María en la historia de la salvación es una luz para la vida cristiana y ilumina nuestro compromiso apostólico;
Para hablar de las respuestas posibles a las pobrezas de hoy, haré brevemente referencia a la experiencia vivida por mi asociación, la AIC-Asociación Internacional de las Caridades fundadas por San Vicente de Paúl- deseando encuentren en ella unos puntos que puedan ayudarles en la búsqueda de nuevas formas de apostolado.
Desde los años '80 La AIC ha seguido prestando gran atención a la evolución de la pobreza y puedo recordar, muy brevemente, el camino que acabamos recorrer para actuar de acuerdo con esta evolución. Este camino nos ha llevado de la asistencia a la promoción, la autopromoción, la participación de los destinatarios, el trabajo en forma de proyectos, las acciones de presión sobre las estructuras, el compromiso para transformar la sociedad y las pobrezas. La actual situación nos exige ahora dar otro paso y comprometernos en un proceso de corresponsabilidad social, porque lo consideramos una forma privilegiada para contribuir a la realización de un mundo de paz, de verdadera paz que no podrá existir mientras hayan hombres y mujeres que mueren por hambre, que no tienen oportunidades, que viven hundidos en la desesperación.
Ser corresponsables, de hecho, significa ser parte de forma conciente de una comunidad, participando de su vida, y sintiéndonos llamados a cumplir con nuestro papel, nuestra misión. La comunidad en que vivimos es la viña evangélica donde el Señor nos llama a trabajar junto con los demás para que nuestros talentos fructifiquen en beneficio de todos.
El sentido de responsabilidad pués es un concepto dinámico, un valor que exige el compromiso activo de cada uno de nosotros y nos estimula a s er en nuestro medio una presencia evangelizadora, como María;
El Concilio Vaticano II hace muy a menudo un llamamiento al sentido de corresponsabilidad de todos los componentes de las diferentes comunidades humanas, a partir de la familia a la comunidad del barrio, de la ciudad de las naciones y a la más amplia familia humana.
Este reto es verdaderamente actual para nosotros los vicentinos: es un llamamiento muy fuerte a nuestro papel y nuestra responsabilidad, del nivel personal hasta el nivel social.
Vivir la corresponsabilidad a nivel personal significa que cada uno de nosotros debe estar dispuesto y preparado para comprometerse personalmente a tomar parte activa en las iniciativas y estrategias que se proponen aumentar la solidaridad, reconstruir los lazos sociales, construir la paz. Pero esto significa también que cada uno de nosotros decide renunciar a las actitudes de indiferencia, apatía, falta de interés y aquella sensación de no estar a la altura de la situación, que es la que nos hace decir “no lo se hacer” frente a cada propuesta nueva
Es solamente partiendo de uno mismo, y de la conciencia de que la contribución personal es indispensable, que los voluntarios pueden formarse y prepararse para comprender y vivir en sus asociaciones la corresponsabilidad a la que son llamados en cuanto cristianos y vicentinos, convencidos de que el servicio a los pobres no puede ser eficaz si no va acompañado por el compromiso de todos por del bien común, la justicia y la paz. Por eso es muy importante aprender a salir de nuestro pequeño entorno, a abrirnos al mundo, tener contactos, confrontarnos: si no lo hacemos, trabajaremos, sí, con los pobres, pero no haremos nada contra las pobrezas y sus causas. La internacionalidad de nuestras asociaciones es una gran ayuda para abrir nuestros horizontes en ese sentido.
E n este momento hay una forma actual y eficaz para ejercer la corresponsabilidad a nivel social, que está al alcance de todas las asociaciones y es “Colaborar en la realización de las Metas de Desarrollo del Milenio de las Naciones Unidas (MDM) y insertarse en los Planes nacionales para la realización de los mismos”. El objetivo de las Metas de Desarrollo del Milenio es acelerar el ritmo del desarrollo para alcanzar la paz y la seguridad, los derechos humanos y el desarrollo durable.
Citamos aquí, a manera de recordatorio, los 8 Objetivos del Milenio de las Naciones Unidas que deberán respetarse de aquí al 2015:
I. Erradicar la pobreza extrema y el hambre.
II. Asegurar la enseñanza primaria universal
III. Promover la igualdad de los géneros y la autonomía de la mujer.
IV. Reducir la mortalidad infantil
V. Mejorar la salud materna.
VI. Combatir el VIH/Sida, el paludismo y otras enfermedades.
VII. Garantizar la sostenibilidad del medio ambiente.
VIII. Fomentar una asociación mundial para el desarrollo
En septiembre del año pasado, la AIC participó en una reunión, realizada en Nueva York, en la que se analizó el papel jugado por las ONGs en la evaluación de los Objetivos del Milenio en los países. La encuesta mostró, que, por una parte, la población no está suficientemente informada de la declaración del Milenio y por otra parte, que los gobiernos están aún lejos de respetar sus compromisos del milenio, vigentes hasta el año 2015.
Qué podemos hacer frente a esta situación? Como afirma una voluntaria AIC:
“Somos los ciudadanos, y especialmente los voluntarios, los que debemos presionar a las estructuras de nuestro país, para que el Estado cumpla con los objetivos del Milenio, si no han sido tomados en cuenta en los programas estatales oficiales. Todos estos objetivos son muy necesarios en las diversas comunidades”.
Se trata de un desafío, ambicioso, pero realizable, las Organizaciones no Gubernamentales deben tener conciencia de las influencias que pueden ejercer sobre sus gobiernos, apoyandose también en el hecho que los ocho Objetivos del Milenio se inscriben en las acciones realizadas ya por varias asociaciones.
Esta conciencia nos permitirá tener más fuerza y aprovechar la experiencia adquirida en nuestro trabajo con los poderes públicos y las instituciones.
En la última Asamblea de la AIC la corresponsabilidad ha sido propuesta como “camino hacia la paz” , la paz verdadera que se funda en la justicia, el amor la verdad. Somos todos llamados a ser constructores de paz, llamados a crear en nosotros mismos y en la sociedad una cultura de paz.
E n cuanto voluntarios vicentinos, nuestra forma de trabajar para la paz es la de contribuir a eliminar las injusticias, las desigualdades, la marginación que crean conflictos y hacen que la paz sea cada vez más difícil de alcanzar. Nuestra forma específica de ser constructores de paz es trabajar juntos contra la pobreza de hoy, o sea realizar de la forma mejor nuestro servicio de caridad con los más abandonados, y el trabajo con las familias para que cada una de ellas llegue a ser “iglesia doméstica”, como dice su documento final.
Este es un punto crucial: cuando decimos que queremos ser corresponsables para construir un camino de paz y de justicia, significa que estamos tomando compromiso con los más pobres, y este compromiso exige de nosotros: esfuerzo, cambio, valor, denuncia profética. Exige v ivir como María la solidaridad con los pobres en hechos concretos;
Por eso un punto que me parece muy importante es la necesidad de evaluar nuestra forma de ser voluntarios y la eficacia de nuestro servicio.
La necesidad de evaluar nuestras acciones nace directamente de nuestro sentido de corresponsabilidad con respecto a los pobres: ellos tienen el derecho de recibir un servicio eficaz, nosotros tenemos el deber de realizarlo de la mejor manera posible y de averiguar continuamente que responda cada vez más a las necesidades actuales.
La evaluación, especialmente la evaluación cualitativa, es decir la que examina la calidad de nuestro servicio, es indispensable para que cualquier proyecto y acción del voluntariado avance y progrese.
Se refiere al significado de lo que hacemos, a nuestra conducta interior, al progresar de nuestras competencias. Nos exige evaluar el resultado de nuestra actividad a la luz de un sistema de valores.
El conocimiento de la misión de María en la historia de la salvación es una luz que nos ayuda en la evaluació de nuestro compromiso apostólico;
La evaluación cualitativa implica preguntas como: ¿cómo se está desarrollando mi servicio? ¿Corresponde a lo que me había propuesto realizar? ¿Corresponde a la espiritualidad de mi asociación? ¿Mi acción responde a la necesidad a la que me enfrento? ¿Cambia algo en la vida de los destinatarios? ¿Cambia algo en mi vida?
Otro aspecto importante es la evaluación en perspectiva , que se propone partir de un análisis claro y honesto del presente para proyectarse en el futuro.
Sirve para evaluar si los objetivos que nos habíamos propuesto siguen siendo válidos, si se necesitan ajustes para responder mejor a la situación. Nos invita a preguntarnos cuáles han sido las consecuencias de nuestras acciones, si han tenido efectos positivos y hasta qué punto, si tenemos que seguir actuando de esta manera o si se debe modificar algo.
Nos pide también tratar de planificar las formas más adecuadas para alcanzar la meta y por lo tanto definir las estrategias.
La evaluación en perspectiva nos invita a reflexionar sobre preguntas como: ¿dónde quiero llegar? Cuales son mis objetivos y mis metas? Cómo quiero que se desarrolle mi acción? Cómo me imagino nuestro servicio dentro de tres/cinco años, qué queremos realizar?
Esta evaluación tendría que ser participativa, o sea realizada, discutida junto con todas las personas involucradas: voluntarios, destinatarios y partners eventuales de la acción.
Queda sin embargo otro aspecto de la evaluación muy importante, relacionado con nuestro sentido de corresponsabilidad con respeto a los pobres, y es:
la evaluación de nuestra relación personal con los destinatarios, con los más abandonados, con las familias que son privilegiadas en su apostolado de caridad.
Ese tipo de servicio no nos exige que trabajemos para alguien, sino que estemos con alguien, que recurramos juntos un tramo del camino. Esta actitud exige un trabajo continuo consigo mismos y una averiguación frecuente de nuestra relación personal con los demás, sean ellos individuos o familias, para que logremos realizar un acompañamiento liberador, que les permita crecer, tener la libertad de expresar las propias ideas y tomar las decisiones sobre su propia vida partiendo de sus propios recursos y proponiendo sus propias soluciones. Esta idea en la AIC la llamamos “Empoderamiento”
El voluntario debe tener conciencia del “poder” que tiene en la relación con el pobre. Tener poder significa, por ejemplo, buscar nosotros mismos las soluciones, pensar que sabemos “que es lo mejor para ellos”, cual es la solución para sus problemas. No siempre es fácil reconocer y respetar las decisiones de los demás y escucharlos, esperar sus tiempos, seguir creyendo en sus posibilidades y dandoles confianza aún cuando no vemos cambios o avances.....
En nuestro mundo en mutación las responsablidades de la familia son grandes, la familia puede tener una energia estraordinaria, debido al amor que vive en ella. Es importante valorar su rol, auydar las familias a comprender que son un recurso importante para transformar y evangelizar el mundo. Hay que apoyarlas y acompañarlas para que logren superar las crisis que la familia vive al dia de hoy.
Hay puntos importantes sobre esto en su documento final:
Asumir un estilo de vida tal “que los pobres se sientan entre nosotros como en su casa” ;
Favorecer entre los pobres una presencia respetuosa, amable y significativa que eleve su dignidad y promueva su condición humana y cristiana;
El mismo San Vicente nos indica que una caracteristica del servicio vicentino está en la calidad humana y espiritual de la relación que se establece entre los voluntarios y las personas y las familias que acompañamos. Por eso es tan necesario cuidar mucho nuestra actitud en la relación con los pobres y formarse y prepararse para que sea liberadora. Una relación de ese tipo hay que aprenderla a través de la formación, de la escucha, de la evaluación, de la comprensión profunda de las actitudes de nuestros modelos; Jesus, San Vicente y María que es una fuerza inspiradora de nuestro compromiso con los pobres;
Su documento final insiste en varios puntos sobre la formación y indica que es necesaria para un servicio cualificado y eficaz.
Para alcanzar todo ello se necesitan una gran determinación y un gran entusiasmo, además de una fuerte esperanza, sin embargo, lo más necesario es no tener miedo de dar la cara en favor de los pobres, de compremeterse en las acciones de presión y de denuncia que sean necesarias, recordando siempre que Jesús vino también para ayudarnos a vencer nuestros miedos. Si tenemos miedo no podemos amar de verdad.
San Vincente era hombre valiente, atrevido, que sabía asumir grandes responsabilidades por amor de los pobres. Y él le recomendaba a sus discípulos “ actuar siempre con espíritu de iniciativa, como si tuvieran que contar únicamente con sus propias fuerzas ” pero, al mismo tiempo, “ confiar en la divina providencia y estar tranquilos ” ”.
Para concluir, quiero reforzar como los desafíos que surgen de las pobrezas de hoy nos plantean una interpretación abierta y dinámica de nuestro apostolado, un desarrollo y una búsqueda continua en nuestro compromiso por los demás, porque ser hoy voluntarios vicentinos y operatorios de caridad significa:
- desarrollar un papel anticipatorio: no limitarse a prestar servicio, sino tener la valentía de innovar, de ir más allá,
- cumplir una misión profética: leer el presente a la luz del porvenir y trabajar para que la profecía llegue a ser historia,
- desarrollar una política activa de esperanza en nuestro tiempo de egoísmo
- trabajar por una utopia que no sea un sueño sino un proyecto. Sabemos que la utopía es lejana pero sabemos también que podemos dar cada dia un paso, aunque muy pequeño, que nos acerca a su realización.
aría fué mujer pobre, solidaria y atenta a las pobrezas de su tempo, porque era una mujer llena de Dios. Les deseo que Ella sea siempre la fuerza inspiradora de su compromiso con los pobres y que siguiendo su ejemplo la AMM sea de verdad un instrumento de buena noticia y de esperanza para nuestro mundo.
Cfr Documento Final 2001
Est. Inter AMM, 1997, art. 2
TMI no. 50 Regresar al comienzo.
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